Tres tazas de café, falta una cuarta

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¿Podría funcionar de verdad una semana de tres días laborables?

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Con famosos directores generales y grandes defensores que promueven una semana laboral más corta, Ben Hammersley descubre si pasar menos tiempo en la oficina (con la misma cantidad de trabajo) es realmente posible

 

A primera vista, parece el típico argumento de un multimillonario que posee una isla tropical paradisíaca. El tipo de argumento que, si lo leyéramos de vuelta a casa un día de lluvia después de una semana de 60 horas, nos haría tirar el periódico a la basura. Sin embargo, la opinión de Richard Brandson en la publicación de un blog en la que argumenta que el trabajo flexible, con tiempo de vacaciones ilimitado, es la forma de conseguir la felicidad y el éxito laboral, no hablaba solo de los directivos. Habla de todo el mundo. Además, según la CNBC, recomienda fines de semana aún más largos:

"A mucha gente le encantaría tener fines de semana de tres o cuatro días", anuncia. "Todo el mundo aceptaría poder pasar más tiempo con sus seres queridos, más tiempo para estar en forma y cuidarse y más tiempo para explorar el mundo".

Un mejor equilibrio

Lo que quiere decir Branson es que, con una tecnología moderna y una confianza sólida en los empleados a la hora de trabajar, no solo es posible una semana laboral más corta, sino que es una idea muy atractiva. Con uno o dos días libres adicionales, el empleado puede ocuparse de las tareas y obligaciones básicas, como hacer la compra, sacar la ropa de la secadora, ir a la oficina de correos… Todo eso sin que les afecte a su vida personal y familiar. ¿El resultado final? Empleados más felices, más sanos y más productivos. En otras palabras, si quiere conseguir más, dé a sus empleados más tiempo libre.

Es una idea que está ganando terreno, incluso en el ámbito político y de gestión/trabajadores. En su conferencia anual del verano de 2018, por ejemplo, Frances O’Grady, la secretaria general de la asociación de todos los sindicatos del Reino Unido, pidió que se implementara globalmente una semana de cuatro días laborables por ley antes del año 2100. 

No es solo una teoría. Las anécdotas de las pequeñas empresas que experimentan con la semana de cuatro días laborables abundan en Internet. Perpetual Guardian, una compañía neozelandesa basada en la confianza y la voluntad lo probó y se ofreció voluntaria para formar parte de un estudio. Los investigadores de la Universidad de Auckland y Auckland University of Tecnology encuestaron a los empleados más tarde y descubrieron que el 24 % afirmaron que su equilibrio entre el trabajo y la vida laboral había mejorado, y un 7 % afirmaron que su nivel de estrés había disminuido.

A su vez, la dirección afirmó que no hubo ninguna reducción en la productividad. Les pagaban el mismo sueldo y obtenían el mismo rendimiento, pero además ofrecían a los empleados la oportunidad de gestionar sus tareas personales.

Varias historias similares, desde Islandia hasta Chicago, muestran el mismo patrón: para los trabajadores de oficina asalariados, proporcionarles un día libre adicional con el mismo salario, no cambia la calidad del trabajo en la oficina, pero tiene un fuerte impacto en sus vidas personales y su salud. Este resultado es esperanzador y aterrador a la vez, porque nos hace preguntamos cómo es posible que la productividad no descienda a pesar de que se reduce el tiempo disponible de trabajo productivo.

Tiempo invertido adecuadamente

Una de las respuestas puede estar en las escrituras de Cyril Northcote Parkinson, un historiador que escribió sobre los trabajos del Civil Service británico y afirmó en 1955 que "el trabajo se expande para rellenar el tiempo disponible para completarlo". Esto se acabó conociendo como la Ley de Parkinson. Generaciones de gestores y académicos han comprobado que eso es verdad.

La idea es que la mayoría de personas adaptan el trabajo al tiempo que tienen. Si solo tienen cuatro días en lugar de cinco para hacer algo, pasarán menos tiempo en la zona de cafetería, consultarán menos Facebook, dejarán de perder el tiempo en la fuente que usan y se centrarán en el trabajo. Por lo tanto, el trabajo no toma un tiempo determinado, sino que más bien hay algo que impone el tiempo que tiene y adapta el trabajo a esos límites. 

Desde esta perspectiva, los argumentos de Branson no tratan sobre un mejor equilibrio entre la vida profesional y la familiar, sino de la cultura del lugar de trabajo y los males del presentismo, es decir, sentir la presión de mostrar a alguien que está presente en la oficina. Muchas industrias son conocidas por ejemplos tóxicos como este, como dejar colgada la chaqueta para mostrar que está presente, los correos electrónicos enviados muy pronto por la mañana o muy tarde por la noche, la mirada asesina que se le da a la primera persona que se va por la noche… Todo esto hace que se retrase el trabajo cada vez más.

Trabajar para usted

Calcular las horas trabajadas y medir la cantidad de trabajo completado puede ser útil en la planta de una fábrica, pero puede ser muy destructivo cuando se aplica al trabajo relacionado con el conocimiento. Si no le pagan por objetivos específicos (por cada elemento que produce de forma masiva o cada entrega que realiza), puede resultar muy duro hacer su trabajo y luego volver a casa, especialmente si es la única persona que cree que es una buena idea.

Pero cuando la dirección de una empresa hace un cambio a una semana de cuatro o incluso tres días laborables, se restaura esa parte de psicología social. De repente, todo el mundo se siente libre para replantearse su estilo de vida profesional y las tareas que tienen que hacer sin la presión de encajarlas en la jornada laboral de diez a siete, de lunes a viernes, o lo que sea que nos imponga la sociedad.

Y este tema plantea una cuestión muy interesante. Si no tuviera ningún motivo para retrasar el trabajo, nada que le frenara para irse del trabajo antes ni ningún motivo social como, por ejemplo, comer o holgazanear en la oficina, ¿cuánto tiempo necesitaría para ser productivo?

¿Podría optimizar el tiempo si se replanteara su trabajo y las herramientas que usa? ¿Es posible que la semana de cuatro días laborables sea tan solo el inicio de una carrera para alcanzar la meta de tres días? ¿Y por qué resulta una idea incómoda?

Quizás deberíamos tomarnos un fin de semana más largo para pensarlo.


Ben Hammersley es un locutor de radio, escritor, periodista y tecnólogo de Internet británico, radicado en EE. UU.

El futurista Ben Hamersley